Con noticias alentadoras, es necesario abordar desafíos pendientes y avanzar hacia una mejor educación para Chile
10 de abril de 2024

Por Rafael Carrasco, subdirector de SUMMA.
El esfuerzo conjunto de todos los actores del sistema escolar no solo evitó una catástrofe educativa, sino que permitió sentar las bases de una recuperación más rápida de lo esperado. A pesar de que debemos abordar aún grandes desafíos en brechas sociales y de género, o la mejora de la convivencia escolar, los resultados del SIMCE entregados recientemente resultan muy alentadores. Por supuesto, no podemos quedarnos dormidos y debemos tomar estos resultados como una oportunidad para avanzar hacia una educación distinta y mejor para Chile.
Como viene ocurriendo desde hace ya casi 30 años, se entregaron una vez más los resultados Simce. En esta oportunidad, con algunas particularidades: es la primera vez que se entregan tan tempranamente y este año es el segundo año desde que se normalizaron las clases tras la pandemia, y por último, las noticias son alentadoras.
El año pasado, los resultados correspondientes a 2022 habían mostrado la primera fotografía del impacto de los dos años más difíciles para la educación mundial en décadas. Los datos evidenciaron que el país había bajado significativamente sus resultados educativos. Sin embargo, las noticias eran mejores de lo que aparentaban, ya que contra todo pronóstico, el país había retrocedido cerca de dos o tres meses de aprendizajes y no el equivalente a más de un año educativo o siquiera seis meses, que es lo que se temía. Esto se vio reflejado también en los resultados de las pruebas internacionales tomadas el 2022 en las cuales participamos.
En este contexto, algo había hecho bien el sistema educativo durante la pandemia. El esfuerzo muchas veces heroico de profesores, directivos, padres y apoderados, el Ministerio (por ejemplo, a través de la priorización curricular y otras iniciativas) y tantos otros actores del sistema educativo, había no solo evitado una catástrofe educativa sino que había sentado las bases para una recuperación más rápida.
Y esto es lo que muestran los resultados de este año.
En cuarto básico, los alumnos que pasaron primero y segundo año encerrados en sus casas aprendiendo a través del esfuerzo de sus escuelas y familias, y que tuvieron solo dos años de clases relativamente normales, lograron resultados iguales o superiores a los que teníamos antes de la pandemia. Esto parecía impensable teniendo en cuenta el contexto educativo al que se enfrentaron. En enseñanza media, sin embargo, la recuperación ha sido más lenta y estamos a mitad de camino, lo que nos lleva a preguntarnos cómo acelerar este proceso y el trabajo en los cursos previos.
Una mención especial merece la recuperación y avance de las escuelas públicas, especialmente las de los nuevos servicios locales. A pesar de las complejidades del traspaso desde los municipios, pareciera que más allá de los casos que han generado controversia, en general se ha hecho un buen trabajo y se presenta una trayectoria al alza que ya recuperó (y superó en algunos casos) los niveles de la pre-pandemia.
Y también que después de décadas de esfuerzo nacional, Chile ha llegado a ser líder en aprendizajes de Latinoamérica, convirtiéndose en el país que obtiene los mejores resultados en pruebas internacionales de toda la región. Esto no es poca cosa.
Todo esto es sumamente alentador. Sin embargo, necesitamos seguir avanzando y romper el estancamiento en el que estábamos antes de la pandemia. Tenemos enormes desafíos, por ejemplo, respecto de las brechas de género que todavía persisten, así como también en temas de convivencia escolar. Además, aunque se han reducido importantemente, aún persisten brechas sociales de aprendizaje que son inaceptables.
En todo eso tenemos que seguir trabajando y buscando soluciones.
En este sentido, la post pandemia nos da una enorme oportunidad para pensar en una educación distinta. La evidencia mundial nos enseña que se puede seguir mejorando sustantivamente la calidad educativa si avanzamos, por ejemplo, hacia pedagogías activas donde las y los estudiantes puedan ser actores y no solo receptores de su propia educación. Además de apoyar los aprendizajes, algunas de estas pedagogías potencian el desarrollo socioemocional, la autonomía, la capacidad para aprender, la convivencia y la colaboración de los estudiantes, cosas que son claves para la construcción de la sociedad que viene.
En conclusión, aún queda un gran trayecto por recorrer, debemos continuar trabajando para enfrentar los grandes desafíos que tenemos por delante en materia educativa y buscar la forma de continuar replicando estos resultados a lo largo del tiempo. Sin embargo, hoy es importante reconocer también que hemos avanzado mucho. Hacerlo, nos hace bien.




























































































































